Las manos de ambos se entrelazaban por intervalos, mientras la noche se pintaba de gris entre el deseo consumado y la timidez huidiza. Dominaba en el aire un gesto de ternura que él irradiaba, y ella sólo pensaba en lo desconocidos que habían sido hasta ese día, mientras recordaba que unos minutos antes se había recargado sobre el abdomen, cuando mirando al techo y pensando en todo lo que jamás se podrían decir, él había contorneado con su dedo el perfil del rostro de ella, observándola como quien mira el fuego por primera vez; recorrió con la yema su frente curva, desde el nacimiento del cabello hasta la depresión que forma un puente que luego erige el camino de su nariz altiva e inmóvil. Silencios, pausas y premuras. Ambos gemían queriendo encontrar la lengua del otro, y era espeso el ruido, y era grande la habitación.
—Te quiero de espaldas
Sin pudor, él hundió su lengua en ella, que iba y venía mientras sus dedos resbalaban dentro de los labios entre sus piernas; un alarido tensó su cuerpo y la invadió la adrenalina, al mismo tiempo que sentía el semen caliente sobre su espalda. Con su palma extendida sobre los cálidos fluidos, él dejó un par de trazos sobre la piel mientras ella recobraba la postura para entregarse a un abrazo arropado, de piel forrada de piel. Sus manos se reencontraron para juntar sus cuerpos que conformaron una mancha amorfa en el frío de la madrugada, y pegados uno al otro se dejaron caer sobre el colchón, al tiempo que su tono no paraba de temblar y reír de placer. Él apretaba su mano y besaba sus mejillas como si marcara la despedida hacia su propio sueño. Ella amó la ternura de ese instante desplegado en mil ecos de oscuridad, como rastro del polvo que acumulaba su memoria. Luego se detuvo el tiempo y miró las sombras al rededor, reconociéndose entre las sábanas como un cuenco vacío que extrañaba la lejanía de otra piel, una desnuda, perdida y lejana, como una cerámica impávida que esperaba el color y cobijo de otro eco. Entre la noche escuchó la quietud del ruido estridente, y no pudo más que contener su dolor.
