He intentado asir aquï una flor alada al fuego inerte, silenciosa, amarillo ácida y hiel que roza el terciopelo de mieles de ardor Añeja juventina, exhala olor húmedo, duelo y raíz amorosa, do su perfume y misterio rebosa, pero de azúcar mortal y verdor Como otoño de ïslas constante su amargo fulgor aviva la caña de un cuerpo de carne y piel rebosante Es campo d’efluvios y a gusto engaña, que con sangre oscura de cierta amante ansia de huesos, marchita, ermitaña
