«¿hay alguna manera de situarse en contra del tiempo?», me pregunté, después de sentir de manera muy espontánea, que tenía muchas ganas de reconocer que mis días y segundos podrían ordenarse de un modo distinto del que ya conozco. esta sensación, que ahora nombraré _contratiempo_, vino a iluminar dos preocupaciones que hacía rato ya no me molestaban.
primero: tuve que recordar que las estructuras temporales con que _funciona_ el Mundo me conducen por un canal de flujo que había desdibujado por mi natural somnolencia, que por comodidad, hallé bien ligerita una vez que dejé de aviZar el peso con que se carga después de abandonar la inercia, y que por fuerza, te hace caer al fondo y centro de gravedad, por tradición llamado _( )_. por supuesto, _caer_ en cuenta de esto me condujo al siguiente recordatorio: yo puedo conducir esa situación, o bien, puedo ordenar mi espacio-temporalidad mediante una decisión como la es intentar caminar al revés; ¿qué podría perder? nada… de todos modos, tampoco puedo viajar en el tiempo.
sentí que esta _situación_ de _contratiempo_ fue como un vidrio que no percibí sino hasta mi segundo paso durante el tránsito por el flujo de la costumbre. «¿por qué no detener el tiempo?» me volví a preguntar. caminar al revés parece más un video musical que un intento por abandonar esa corriente que ya me ha arrastrado demasiado lejos, prometiendo ligereza. detener el tiempo, en cambio, se siente más como ese _contratiempo_ en mi pensamiento, que cuestiona la situación entera y sugiere que es posible tejer una dimensión rítmica distinta. esta eventualidad, situación incómoda, es la que me trajo aquí hoy, a este momento que reproduce el hiato que lees conmigo.
mi pequeño _contratiempo_ se opuso a la estabilidad del tiempo fuerte en el ritmo de lo habitual, que recordé, tiene que ver más con la manera en que se sitúa la gravedad hacia un centro, que con la forma de un reloj que propone el tránsito entre ciclos interminables de materia (no-oscura).
