_ I

Hoy siento la luz sucia,

un naufragio y esta noche a medias.

Buscamos entre sábanas labios, manos.

Robo/Robas unos minutos al descanso;

al duelo, duelo

y corro al medio y a tu centro,

un cuerpo de piel y lágrimas.

Me haces bien, me haces mal.

Sin ritmo, no hay de mí [humo],

ni cosa [blanda y deshecha].

Velas [despierto, de cera y de barcos],

velas todas, y de pasillos mi sueño.

Ahora sabemos abrazar olvidos.

Me quema tu palma y sus espinas,

tu piel de tacto que siempre formula:

¿cómo se escribe el deseo?

_ II

Creo en la vida que me anticipan los sueños, más que en cualquier otra superstición. Soñé mirar a un barco hundirse y en él, a un amor que creí tener, aunque con nueva ilusión, las mil maneras en que cada vez te enamoras. Tantas veces me he preguntado si una será la última, porque fuera de todos los sesgos, sentir sentimientos es algo que no pienso ceder a la vejez… y en esto, el deseo es lo que no comprendo.

_ III

No sé estar cuando recuerdo su cuerpo; busca la sangre ánimos de alevosía aunque sin el horror… puro amor. Hiel de miel que punza entre «la pulpa viva de los dedos», caricias al aire; hoy no. Hoy sí, porque el deseo es voluble y traicionero. Hiere y escurre de sangre, semen y lágrimas. Arde. Son flores de fuego. Es bien y es mal.