A Misael Maciel, Junio

 

—Y un día dirás: ¿y eso es todo?

—Siempre buscamos en el lugar equivocado

—Sabes que no es la música

—Tampoco eres tú

—¿Entonces?

—No lo sé… Tal vez sea tu nariz picuda. O tus ganas de repetirme siempre lo mismo: que no eres tú, soy yo

—Eso es verdad. Soy un frasco vacío. Es más, mi interior huele a cebolla y eres tú quien insiste en poner flores adentro

—No sé

—Siempre queremos más. Siempre. Siempre hay algo que nos jode

—Como las dunas cuando las atraviesa el viento

—Sólo hay letras, y cada quién las interpreta como le plazca

—O no… y sólo nos dejamos cubrir por la tormenta de arena

—Eso no existe. Al igual que los sonidos, los rostros o las vestimentas

—No tiene sentido lo que dices

—Todo es mera apariencia

—¿Y qué somos? ¿No existimos ahora?

—Como representaciones… como sombras

—Eso ya lo han dicho algunos viejos en el pasado

—Sí, y aquí estamos…

— …Oliendo gardenias

—Ese pasado ya no existe, aunque seguimos siendo moscas que buscan la miel

—Morimos. Yo sigo esperando que seamos gatos

—Ya no hay gatos. Será mejor

—Conservas la esperanza

—Pensé en escribir: 60 días junto a ti

—Como la noche que saltaste a mi cama, en la cabaña de la playa

—Yo todo olvido…

—No olvidas que morimos cada día

—Yo no me veo como me ves, ni tú te ves como yo te veo

—¿Cómo me ves?

—Aquí. Ahora. Hecha polvo, como yo

—Ruinas del tiempo… sentados, formando una duna

—Impermanentes

—Como la última palabra